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LA TELE Y SU PÉRDIDA DE IDENTIDAD

La tele terminó perdiendo su identidad y la posibilidad de ser algo mejor sin imitar, copiar, lo que no es.
Porque la tele es tele y el cine es cine. Pero para el artefacto doméstico no era suficiente. Siempre miró con envidia a su primo mayor. Y ahora se jacta, la tele, de lucir más ancha, y más baja.
Al final consiguió lo que tanto quiso, tener una pantalla como la de cine, la que se usa para pelis en scope. El problema será cuando tenga que pasar programas grabados durante sus más de 60 años en 4:3. ¿Se verán estirados? Seguro, porque la tele desdeña ahora todos sus años cuadrados y busca redefinirse hacia el rectángulo.
Ya no se hace televisión, ahora las novelas y las series se graban "como si fuera cine", pero no es. Desde adentro se boicoteó su propia esencia. Los que siempre quisieron aparentar más de lo que eran alimentaron la incoformidad de la caja boba y cambiaron sus maneras de producir.
Hoy los japoneses miran de reojo la tecnología 3D en la tevé. No se bancan los anteojos y tampoco consideran pagar contenidos tridimensionales. Es que sólo quieren ver la tele, sin muchas más vueltas.
La industria se pasa de rosca y trata de emular al cine en todo lo que se pueda.
Se pierden algo muy sencillo de comprender.
Que una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa.
Clarito, ¿no?



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