De pasiones y secretos, según pasan los años - Por María A. Melchiori
Benjamín Espósito (Ricardo Darín) transita su jubilación con calma, pero sin resignarse a la quietud. Durante toda su vida fue prosecretario del juzgado 25 y los acontecimientos más relevantes de su historia personal se desarrollaron en el ámbito tribunalicio. Así las cosas, no es extraño que decida volver un día a visitar a la jueza, su ex jefa y amiga Irene (Soledad Villamil) y le manifieste su intención de realizar el sueño de toda su vida: escribir una novela. "La" novela. El caso que elige será uno que en su momento lo reveló como un hombre probo y audaz, capaz de arriesgarse por sus principios.
El asesinato de una joven recién casada pone a Espósito, a Irene y al subordinado de ambos, Pablo Sandoval (Guillermo Francella) a trabajar en esta causa con un interés particular. Es el viudo, Ricardo Morales (Pablo Rago) quien despierta en Espósito este interés: con la muerte de su esposa, parece haber perdido toda motivación vital. A medida que la investigación avanza, los personajes se revelan a través de sus rutinas cotidianas y sus aportes a la causa. Al mismo tiempo, queda cada vez más manifiesta la atracción entre Espósito e Irene, una especie de reflejo distorsionado y angustioso de la pasión tranquila pero constante que unió a Morales y a su difunta esposa.
A la fecha, con el panorama de cine argentino bastante más aclarado que a mediados de los ´90 (cuando la etiqueta de "nuevo cine argentino" vino a definir, voluntaria o involuntariamente, un canon dentro de la realización de películas a nivel local), Juan José Campanella se posicionó como un referente claro de lo que vendría a ser, hablando brutalmente, el "cine mainstream argentino". En síntesis, es un director que sabe vender lo que hace. Pero fundamentalmente es un cineasta que se vale de materia prima de excelencia para hacer lo que hace.
Situémonos en la historia: una novela de intriga y de amor del escritor (y co-guionista en este caso) Eduardo Sacheri, notable no sólo por lo bien escrita sino por lo interesante de la trama. Sumémosle un tándem de buenos actores, una excelente dirección de arte y fotografía, y un sentido del timing que, salvando pequeños detalles, no falla. Obtendremos uno de los estrenos cinematográficos indiscutidos del año, en lo referente al panorama de elaboración local. Y no es que no haya habido buenos referentes hasta el momento, pero Campanella sabe qué hacer y cómo hacerlo.
Quizá la única variable para criticarle a esta película en tanto hecho cinematográfico es la innecesaria extensión del clímax final, que le da tiempo al espectador para hacerse a la idea de lo inminente. En ese sentido, Sacheri resuelve mucho mejor y en pocas líneas algunas de las cuestiones centrales de esta trama, apasionante y ajustada, a la que no le sobran conflictos ni personajes. Que, por si todo esto fuera poco, ofrece secuencias impresionantes por lo bien logradas y no deja un solo detalle librado al azar.
Nobleza obliga: el personaje más logrado y conmovedor de esta película corre a cargo de un versátil y bien medido Guillermo Francella. Lejos (al fin) de sus clásicos personajes televisivos, apela a un humor menos cargado de lo habitual para aliviar el agobio de algunas escenas tortuosas.
Nuestra calificación: Esta película justifica el 95% del valor de una entrada
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